viernes, 18 de noviembre de 2016

Historia



En la prehistoria se creía que no había limitantes para el sexo ni reglas que regulasen la relación entre hombres y mujeres. A pesar de esto, la promiscuidad no era común, existen objetos que nos dan señales de cómo era la vida sexual en la prehistoria, como son: Pinturas rupestres de danzas fálicas, Vulvas y penes grabados en piedras, Arte erótico, Estatuas de genitales.

La Sexualidad era vista más que todo como una forma de asegurar la especie por más años, no era más que una fuerza fecundadora antes de ser una vivencia placentera.

En la edad media la unión carnal permitida era la de un hombre y una mujer unidos en santo matrimonio y con fines procreativos. Las restantes relaciones, el comercio carnal el adulterio, el incesto, la homosexualidad conducían a quienes lo practicaban a los tribunales de justicia.

Para la época Victoriana en los siglos XVIII y XIX, las conductas sexuales como por ejemplo la masturbación, eran considerados inapropiados y se les culpaba de desórdenes, el pensamiento religioso daba gran importancia a la familia, pero no permitía olvidar que el sexo era una desafortunada necesidad y no algo de lo que pudiera disfrutarse (Re, María Inés, 2005)

El inicio del siglo XX, fue también el principio del importante movimiento de liberación femenina, para situar a la mujer en un plano de igualdad con el hombre. Así empezaron a desecharse los tabúes sobre el cuerpo y su capacidad sexual. Por la misma época el psicoanalítico Sigmund Freud dio a conocer sus revolucionarias teorías sobre la sexualidad humana, que condujeron a una verdadera revolución sexual, la sexualidad se consideró desde entonces como una cualidad única del ser humano, cambio así la actitud de la sociedad hacia el conocimiento de la sexualidad y sus manifestaciones.

La educación formal y no formal, siempre ha tomado como referencia las concepciones ideológicas de cada época sobre el ser humano y sus derechos, el lugar de las personas en el mundo, y el sentido de la vida y de la muerte, ya sea para reproducirlas o para cuestionarlas.

Los enfoques referidos a la sexualidad han implicado obstáculos significativos para los avances en el campo de la educación afectivo-sexual, especialmente en el caso de los niños, llama la atención sobre la necesidad de educar esa sexualidad para que se desarrolle adecuadamente.

El proceso de industrialización provoco grandes cambios sociales ya que, por los desafíos que planteaba el nuevo modelo económico, muchas pautas culturales transmitidas de generación en generación no resultaban funcionales y perdieron vigencia.

En el área de lo sexual se cuestionaron, apoyándose en la psicología y en la Antropología, la falta de información y la identificación de lo sexual con lo inmoral, como las fallas más groseras del sistema educativo recibido. Dentro de la pedagogía surgió un movimiento de educación sexual que identifico a esta con la información sexual. (Foucault, M. siglo XXI, 198).

A menudo los centros de Educación Infantil y Primaria son considerados como una suerte de extensión del ámbito doméstico. Si bien desde una mirada superficial podríamos afirmar que esta imagen sacraliza el ámbito educativo, muchas veces en la práctica sucede todo lo contrario. Mientras este es considerado como “el segundo hogar”, su rol en la educación afectivo-sexual del alumnado no se valora en su dimensión real.

Algunas veces las familias se muestran reticentes a la implementación de la educación sexual, especialmente cuando, desde un marco erróneo pero muy generalizado que considera a la sexualidad y a la genitalidad como sinónimos, se inclinan a pensar que los niños que asisten al Centro de Educación Infantil o cursan los primeros años de Educación Primaria y Secundaria aún son muy pequeños para recibir educación sexual.

Algunas experiencias implementadas tienden a considerarse a los niños como un “cuaderno en blanco”. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, en el momento en que el niño ingresa en el sistema educativo ya ha vivido parte de su vida y, por lo tanto, ha incorporado información, conocimientos y saberes sobre su propia sexualidad, ya sea correcta o incorrecta dada por adultos o por otros niños.

La falta de conocimientos, actitudes y valores de una educación autentica sobre la sexualidad en las escuelas, en donde a lo sumo, se dedica un tiempo mínimo, y el encargado es el docente del curso, de proporcionar una información limitada sobre algunos temas como; anatomía y fisiología de los órganos reproductores entre otros, provoca que los niños no logren fortalecen sus conocimientos en su desarrollo como actitudes y valores.

Es necesario reconocer que en nuestro país no existe una educación sexual sistematizada y que esto determina una generalización afectivo-sexual de incapacidad de parte de las instituciones pertinentes, incluyendo a los padres y madres de familia para poder orientar adecuadamente a la población general sobre el valor imprescindible que tiene la sexualidad.

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